En absoluto silencio, en el coro muy cerca de El, me encanta decirme: El es mi Todo, mi único Todo. Qué felicidad, qué paz infunde esto en el alma! 

  

El es el único Ser a quien entregué cuanto poseía. Si contemplo las cosas desde la tierra, descubro soledad y hasta vacío porque ciertamente no puedo decir que mi corazón no haya sufrido. Pero cuando fijo mi mirada en El, mi Astro luminoso, oh!, entonces todo lo demás desaparece y me pierdo en El como la gota de agua en el océano.

     Todo queda tranquilo y sereno y es tan dulce la paz de Dios... 
Beata Isabel de la Trinidad 
  
 

 
   
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