No quiero tener vida sino en Tí

Esa mañana fue el 8 de Diciembre de 1915. Una quinceañera que decide para siempre no tener otro esposo sino a Jesucristo a quien ama de todo corazón.

 Se vive en profundidad en el corazón. Jesús, tú me muestras el camino. Toda mi existencia es para Ti, como ofrenda de amor.

Me dices que quieres ser la casita de Dios. Me alegro mucho por ello, pues veo por eso que lo quieres. Sor Isabel de la Trinidad decía: "Dios es el cielo y Dios está en mi alma". Luego tenemos el cielo en nuestra alma. Ahora bien, ¿qué se hace en el cielo? Amar, contemplar a Dios y glorificarle. He aquí lo que trataremos de hacer: amarlo antes que a nadie. El que ama siempre piensa en el amado. Nosotras pensamos constantemente en Él; pero ya que es esto imposible, a menos pensemos muy a menudo en Él. Contemplémosle allí, en el fondo de nuestra alma, unido a nosotras. Contemplémosle orando a su eterno Padre por las almas y por los pecadores, y unámonos a esa divina oración. Contemplémosle trabajando a nuestro lado. Ahora lo miro escribiendo y me uno a Él. Contemplémosle -dice Santa Teresa-, alegre como en el Tabor, si estamos alegres; triste como en el Huerto, si estamos tristes; y así en todo. Contemplémosle en las criaturas. Así nos será más fácil tener caridad. Si somos humilladas, lo somos por Él. Si somos alabadas, lo somos por Él. Si servimos, servimos a Él; y así en todo. Así el alma queda simplificada y unida a Él; siempre piensa y ve a Él. Por último, en el cielo se cantan sus alabanzas y se le glorifica por sus obras; seamos, pues, como ¡sabe¡ de la Trinidad, alabanza de su gloria. Es decir, obremos todo por amor y siempre lo más perfecto, de manera que, al vernos las demás personas, puedan decir: "qué virtuosa es". Y ¿para quién es la gloria de nuestra virtud sino para Dios, ya que es Él el que obra en nosotras? Nada podemos por nosotras mismas. Propongámonos en todo lo que hacemos la gloria de Dios y todo por amor a Él; de esta manera nuestras obras serán con pureza, pues obraremos por Él, en Él y para Él. Si nuestras obras son puras, nosotras también lo seremos; así nuestro Señor estará contento en nuestras almas. Viviendo así, viviremos vida de cielo en la tierra.

 

 

 

(Santa Teresa de los Andes. Obras Completas, pp.381-382)

"iOh Dios, escucha mi oración,

atiende a las palabras de mi boca!

De corazón te ofrecerá sacrificios,

celebrará tu nombre, porque es bueno."

(Si 53, 4.8)