¿Que
cómo llegamos?
Había muerto la M. Teresa hacía poco más de dos años;
pero el ritmo de fundaciones, lejos de decaer, crecía de manera
asombrosa.
Faltaba ella; pero quedaba el P. Gracián, que fue a un tiempo
superior, director y su mejor amigo, y ahora, como Provincial, era
infatigable continuador e impulsor de su obra.
Y quedaba fray Juan de la Cruz, el primer carmelita, el “hombre
celestial y divino”, que llenó por completo los ideales teresianos,
y que no era menos activo que contemplativo.
Cuando se establecieron los Padres Carmelitas en la ermita de S. Andrés,
en los Percheles (1584) se trató también de la fundación de las
monjas. Unos meses más tarde, vendría a realizarla con sus propias
manos san Juan de la Cruz. Estamos hablando del 17 de febrero de 1585.