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Antes
que nada quiero dejar claro que todo lo que voy a decir es muy subjetivo. No he
podido ni he querido hacer un estudio de la Regla. He leído con mucho interés
y con gran agradecimiento los trabajos del último definitorio general que se
celebró en el Monte Carmelo, dedicado al tema de la Regla de la Orden. Hay
estudios muy profundos, formativos y llenos de espíritu que me han abierto
horizontes nuevos en la interpretación de nuestro documento.
Quisiera
ahora compartir simplemente algunas experiencias, pensamientos o deseos de cara
al momento presente de nuestras comunidades. Lo que he visto, o lo que me parece
ver y comprender es lo que me ha inspirado en este trabajo. Hace 36 años que
estoy en el Carmelo. Prácticamente todo este tiempo lo he vivido en el ambiente
de la renovación suscitada por el Concilio Vaticano II. Todos estos años han
estado de alguna manera bajo el influjo de un intenso movimiento en las
comunidades y entre las comunidades y también en el interior de muchas
hermanas. Muchas energías de estos años han sido dedicadas a la tarea de
responder a la llamada de la Iglesia a través del Concilio a la renovación de
nuestra Orden, de nuestras comunidades. Todos sabemos que han sido años de
tensiones fecundas que nos han ayudado a avanzar con prudencia y coraje a la
vez, con fidelidad y creatividad. Pero también han sido años de dolorosas
divisiones, de intrigas y de insolidaridad dentro de la Orden, de lamentables
alejamientos y enemistades. Hace tiempo que yo siento dentro de mí como que
este tiempo de controversia, de lucha ha tocado a su fin y me siento invitada a
una nueva etapa, a concentrar todos mis esfuerzos y mi interés en encarnar hoy,
aquí, en el marco real que Dios me brinda para realizar mi vocación, el
carisma teresiano-sanjuanista. Estoy convencida que una época concreta, la que
va desde la fundación de San José en Ávila en l562 hasta hoy, toca a su fin
para muchos Carmelos en Europa, quizá en el mundo occidental en general.
Al
acercarme más intensamente a la Regla Primitiva me he sentido en la misma
coyuntura que la Santa Madre Teresa y la que N. P. General nos presenta de cara
a la celebración del próximo Capítulo General: "Volver a lo
esencial" que todavía no he podido estudiar a fondo. La lectura que he
hecho de la Regla ha nacido de lo que estoy viviendo actualmente y que intuyo
que nos tocará a vivir en los próximos años. He visto como tres niveles desde
donde la Regla nos puede hoy iluminar el camino, y ayudarnos a encarnar el ideal
carmelitano en cada lugar y en cada cultura. Jesús es el centro de la Regla ya
que no puede haber Regla más allá del evangelio. La Regla está presente en la
obra de la Santa Madre que la hizo descansar sobre el fundamento de
"aquellos Santos Padres nuestros del Monte Carmelo". A nosotras nos
toca ahora encarnar la Regla y actualizarla desde la herencia teresiana de hace
cuatro siglos. Una relectura de la Regla nos puede ayudar a ver lo esencial del
carisma teresiano-sanjuanista y discernir la voz del Espíritu en nuestro
momento histórico.
1.
Jesucristo en la Regla.
2.
La Regla en la Santa Madre.
3.
Nosotras en la Regla.
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