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La
Santa que lo quería de verdad, le ofreció dos doblones, uno de oro y otro de
plata para paliar la fatiga del largo viaje. Fray Diego las recibió como una
reliquia. Al querer devolvérselas, más tarde, la Santa le dijo: “no me las
devuelva, mi padre, cuando le hagan Obispo labre un convento a mis hijas.
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